Cuántas cosas se quedan por decir. Cuántas cosas sentidas, pensadas, vividas... desaparecen de una vez y para siempre en el lento pero seguro proceso del olvido... somos esclavos de nuestras palabras y dueños sólo de nuestros silencios. Pero las palabras no dichas, no pronunciadas, no regaladas, no escupidas, no vomitadas... son como el agua que se escapa entre las manos... se escurren y se precipitan, derramado en el suelo de las vidas que ya nunca seremos capaces de vivir.










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